Misericordia

A nuestra comunidad:

El pasado abril, fue un mes diferente, complejo, casi con ribetes de surrealismo respecto de lo que vivió nuestro querido Valparaíso, aquel mismo que fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por su belleza arquitectónica y particular forma, el mismo que en sus cerros sufre las inclemencias del viento, ese mismo viento, que el día sábado 13 de abril, jugó un rol preponderante en el desarrollo de los hechos.

Eran cerca de las 5 de la tarde y por todo el Puerto ya se podían ver las nubes de humo que comenzaban a oscurecer una tarde que se presentó soleada y ventosa, se podía advertir incluso en lo alto de los cerros grandes llamaradas sin control, cerca de las 8 de la noche ya era un hecho que esto, no sería un incendio más, uno más de los que siempre acostumbran a ocurrir en las temporadas estivales en los sitios eriazos, en los fundos, en las quebradas, en nuestro deteriorado Valparaíso.

Fue en este contexto, duro por decirlo menos, que nuestra preocupación comenzó, nos comunicamos con familiares, profesores, alumnos, conocidos, oramos a Dios por todos los afectados, pedimos a él que su misericordia los amparara en estos momentos; en lo práctico, nos organizamos para que luego de nuestro servicio divino del día domingo, pudiéramos recibir toda la ayuda de la comunidad luterana, de apoderados, estudiantes, ex -alumnos, vecinos y todo quien quisiera ayudar y no nos equivocamos, la respuesta a nuestros llamados vía Facebook a cooperar, a ayudar en el lugar o de otras formas, no tardó, llegaron donaciones en ropa, comida, camas, útiles de aseo, todo para asistir a nuestro prójimo en la adversidad, y mientras nos organizábamos, desde nuestro colegio podíamos ver aún las llamas consumiendo más casas, las cenizas que cubrían nuestro patio y el viento no daba tregua, esto parecía no acabar. Desde la iglesia se organizó un grupo de misericordia en momentos de catástrofes, guiados y acompañados por el Pastor Juan Pablo Lanterna y el Pastor Alejandro López, caminaron entre escombros, entre el silencio desolador y los llantos desgarradores, el grupo ayudó en remoción de escombros, guiar voluntarios, dar una palabra de aliento, consolar en el amor de Jesucristo.

Las horas pasaron y los recuentos eran crueles, los cerros afectados eran muchos: Monjas, El Litre, Las Cañas, La Cruz, Pajonal, El Vergel, Ramaditas y pequeñas partes de otros también, 12.000 damnificados, 3000 viviendas consumidas por el fuego y otras 2500 inhabilitadas, 965 hectáreas quemadas y 15 personas fallecidas, cifras que parecían no tener fin.

Pero si algo hemos aprendido como Iglesia, como cuerpo de Cristo, es a dar Misericordia, a ponernos en el lugar del otro, apadrinamos inicialmente 16 familias, hoy son cerca de 40, las ayudamos en sus necesidades básicas, las acompañamos en el dolor, en la reconstrucción no solo de sus casas, sino también de sus vidas y en eso estamos aún, con visitas constantes, actividades como escuelas bíblicas, servicios divinos, visitas a hogares, asistencia en el amor de Nuestro Padre.

Sabemos que la tarea es ardua, extensa, compleja pero por sobre todo hermosa, tenemos la certeza que Dios guiará los pasos de cada uno de ellos y que su protección incluso en la adversidad es hasta el fin de nuestros días.

Agradecemos a todos por su apoyo, en primera instancia esto no hubiese sido posible sin el enorme respaldo de todos ustedes, somos grandes como colegio, claramente, el amor al prójimo es parte de nuestro sello. Agradecemos especialmente a un grupo de estudiantes de 4º medio y otros cursos, pues cuando siempre los jóvenes parecen ser apáticos, ellos demostraron que son unidos, comprometidos, empáticos pero también hijos del mismo Dios.